Save the Children incorpora Bitcoin a su financiamiento

 Save the Children incorpora Bitcoin a su financiamiento
  • Desde 2013, Save the Children acepta donaciones en Bitcoin y ahora permitirá almacenarlas hasta cuatro años para maximizar su valor.
  • ¿Puede Bitcoin mejorar la eficiencia, transparencia y velocidad de la ayuda humanitaria frente a los modelos tradicionales?

La adopción de Bitcoin por parte de instituciones no financieras continúa ampliándose más allá del ámbito corporativo o de inversión. Esta vez, el foco está en el sector humanitario. Save the Children, una de las organizaciones sin fines de lucro más reconocidas a nivel global, anunció el lanzamiento de su Fondo Bitcoin, una iniciativa desarrollada en colaboración con Fortris, proveedor especializado en infraestructura de activos digitales. El anuncio marca un punto de inflexión en la forma en que las ONG pueden gestionar, conservar y distribuir recursos en contextos de crisis. La propuesta es clara: utilizar Bitcoin y otras herramientas basadas en blockchain para optimizar la gestión del capital donado, reducir fricciones operativas y explorar nuevos modelos de entrega de asistencia directa. Sin embargo, el paso también abre preguntas relevantes sobre riesgos, gobernanza y sostenibilidad en un entorno históricamente dominado por el sistema financiero tradicional.

Un fondo de Bitcoin para tiempos de crisis

El Fondo Bitcoin permitirá a Save the Children mantener donaciones en BTC durante un período de hasta cuatro años, en lugar de liquidarlas inmediatamente a moneda fiduciaria. Según la organización, esta estrategia busca preservar y potencialmente aumentar el poder adquisitivo de los fondos, especialmente en un contexto donde la financiación internacional enfrenta recortes y retrasos estructurales.

Además del componente de almacenamiento de valor, el fondo funcionará como un laboratorio operativo para probar y escalar mecanismos de asistencia en efectivo y cupones digitales. Esto incluye el uso de Bitcoin, stablecoins y billeteras digitales, con el objetivo de que los recursos lleguen de forma más rápida, transparente y con menores costos directamente a las familias beneficiarias.

Desde una perspectiva operativa, esta aproximación reduce intermediarios financieros, comisiones bancarias y tiempos de liquidación, elementos críticos cuando se trata de ayuda de emergencia. En teoría, la trazabilidad en blockchain también permitiría mejorar la rendición de cuentas ante donantes y auditores.

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Innovación frente a la fragilidad del modelo tradicional

Janti Soeripto, presidenta y directora ejecutiva de Save the Children EE. UU., enmarcó la iniciativa como una respuesta directa al deterioro del sistema tradicional de ayuda exterior. En sus palabras, las herramientas basadas en blockchain aportan velocidad, eficiencia de costos e inclusión financiera, elementos cada vez más relevantes en escenarios donde los flujos de capital humanitario son volátiles o insuficientes.

Este punto no es menor. En los últimos años, múltiples agencias humanitarias han advertido sobre la brecha creciente entre necesidades globales y recursos disponibles, especialmente en conflictos prolongados como Ucrania, Gaza o Sudán. En ese contexto, la posibilidad de conservar donaciones en un activo digital escaso y globalmente líquido se presenta como una alternativa estratégica, aunque no exenta de debate.

Una trayectoria previa en Bitcoin

Aunque el anuncio pueda parecer disruptivo, Save the Children no es un actor nuevo en este espacio. En 2013, se convirtió en la primera ONG internacional en aceptar donaciones en Bitcoin. Desde entonces, a través de su iniciativa Hodl Hope, ha recaudado millones en activos digitales, canalizados hacia programas de asistencia infantil en múltiples regiones afectadas por conflictos y crisis humanitarias.

Este historial le otorga cierta legitimidad operativa frente a otras organizaciones que aceptan criptomonedas solo como un método de pago alternativo, pero las convierten de inmediato sin explorar el potencial tecnológico subyacente.

Antonia Roupell, directora de Innovación y Alianzas, subrayó precisamente esta diferencia: muchas ONG aceptan Bitcoin, pero pocas lo conservan o integran su arquitectura peer-to-peer en sus procesos. Según Roupell, los donantes de Bitcoin demandaban mayor flexibilidad para decidir cuándo convertir sus aportes, especialmente en escenarios de alta volatilidad, y el nuevo fondo responde a esa necesidad.

Riesgos, límites y preguntas abiertas

Desde una mirada crítica y neutral, el lanzamiento del Fondo Bitcoin también implica riesgos evidentes. La volatilidad del precio de Bitcoin, los desafíos regulatorios en distintos países y la necesidad de educación financiera adecuada son factores que no pueden ignorarse. Además, la custodia de activos digitales y la gobernanza del fondo serán claves para mantener la confianza tanto de donantes como de beneficiarios.

No obstante, el movimiento refleja una tendencia más amplia: Bitcoin comienza a ser considerado no solo como un activo especulativo o de inversión, sino como infraestructura financiera alternativa en contextos donde el sistema tradicional muestra limitaciones claras.