El punto óptimo de la Fed vuelve a alinear el camino de Bitcoin hacia los $100.000

- Un informe laboral más débil de lo esperado, pero sin señales de recesión, refuerza la probabilidad de recortes de tasas en EE. UU.
- Bitcoin consolida por encima de los $90.000 mientras ballenas e instituciones regresan a fase de acumulación.
El inicio de 2026 ha devuelto al mercado de Bitcoin a una dinámica que los inversores con experiencia reconocen bien: no se trata de euforia aislada, sino de la convergencia de variables macroeconómicas que históricamente han favorecido los activos escasos y no soberanos. Esta vez, el detonante no ha sido un titular espectacular, sino un dato que, en apariencia, podría pasar desapercibido: el informe de empleo de Estados Unidos.
Las nóminas no agrícolas de diciembre se ubicaron en +50.000, por debajo de la estimación de +60.000, mientras que la tasa de desempleo se situó en 4,4 %, ligeramente por encima de lo esperado. Para el inversor tradicional, estas cifras pueden parecer mediocres. Para el mercado, representan algo distinto: el llamado punto óptimo de la política monetaria.
El “punto óptimo” de la Reserva Federal y su impacto en Bitcoin
La Reserva Federal opera bajo un mandato dual: máximo empleo y estabilidad de precios. Cuando el mercado laboral se desacelera sin colapsar y la inflación muestra señales de moderación, el margen para una política monetaria más laxa se amplía. En términos prácticos, aumenta la probabilidad de recortes de tasas y mejora la liquidez disponible para activos de riesgo.
Para Bitcoin, este entorno ha sido históricamente constructivo. No porque el activo dependa de la Fed, sino porque compite directamente con instrumentos financieros cuya rentabilidad real se erosiona cuando las tasas bajan. En ciclos previos, esta combinación ha coincidido con fases de expansión del múltiplo de valoración y nuevos procesos de descubrimiento de precios.
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El mensaje implícito del mercado laboral actual es claro: suficiente enfriamiento para justificar estímulos, pero no tanto como para activar el miedo a una recesión profunda. Ese equilibrio explica por qué Bitcoin, lejos de capitular, consolida por encima de los $90.000.
Precio, volumen y estructura: una corrección que no rompe la tendencia
Desde una perspectiva de mercado, el comportamiento reciente del precio aporta información relevante. Bitcoin retrocedió cerca de 2 % en 24 horas, estabilizándose en la zona de $89.600–$91.900, con un volumen diario aproximado de 3,26 mil BTC (unos $296 millones).
Más allá del movimiento puntual, la estructura es lo que importa: el precio no ha perdido el nivel psicológico de $90.000, una zona que funcionó como resistencia durante buena parte de 2025. La actual fase se asemeja más a una corrección técnica que a un episodio de distribución agresiva.

Este matiz es clave para el inversor intermedio. En mercados alcistas maduros, las consolidaciones por encima de antiguos techos suelen ser la antesala de nuevos impulsos, siempre que el contexto macro no se deteriore de forma abrupta.
Geopolítica y Bitcoin: el valor de un activo no soberano
Más allá de la política monetaria, el componente geopolítico vuelve a ganar protagonismo. Los recientes movimientos de Estados Unidos en Venezuela han reavivado el debate sobre el rol de Bitcoin como activo neutral y no soberano, especialmente frente a materias primas tradicionales como el petróleo, sujetas a controles políticos y sanciones.
En este contexto, ha circulado información sobre la incautación de una supuesta reserva de 600.000 BTC, valorada en torno a $54.000 millones. Independientemente de los detalles finales de ese proceso, el punto relevante para el mercado es otro: si una fuente estructural de ventas forzadas desaparece, la dinámica de oferta cambia de forma material.
Bitcoin no solo es escaso por diseño; también es sensible a la redistribución de grandes tenencias. La eliminación de presión vendedora de largo plazo refuerza el argumento de que el “camino de menor resistencia” vuelve a ser al alza.
Datos on-chain y comportamiento de las ballenas
Los indicadores en cadena respaldan esta lectura. Las direcciones que controlan entre 1.000 y 10.000 BTC tradicionalmente asociadas a ballenas e inversores institucionales han pasado de una fase de distribución neta a acumulación agresiva.
Este cambio no es menor. Suele producirse en momentos en los que el mercado ya ha absorbido ventas fiscales, reajustes de portafolio y correcciones técnicas. No es casual que este patrón emerja tras el cierre de 2025, un año que terminó con una caída cercana al 6 %, un evento estadísticamente poco frecuente en la historia de Bitcoin.
Con más de 15 años de datos, el activo no ha registrado dos años consecutivos de caídas, un dato que, sin ser una garantía, aporta contexto probabilístico a la narrativa de recuperación.
El umbral psicológico de los $100.000
El nivel de $100.000 no es solo una cifra redonda; es un punto de referencia psicológico para gestores, comités de inversión y asignadores de capital. Superarlo de forma sostenida abriría la puerta a una nueva fase de descubrimiento de precios, con $110.000 como referencia inmediata por tratarse de un máximo histórico previo.
En este escenario, Bitcoin no se comporta como una apuesta especulativa aislada, sino como un activo que responde a variables macro, flujos de liquidez y dinámicas estructurales de oferta y demanda. Esa madurez explica por qué, incluso en fases de corrección, el interés institucional no desaparece, sino que se reorganiza.
El contexto actual no garantiza un movimiento lineal ni elimina la volatilidad, pero sí redefine el marco de análisis. Con un mercado laboral que se enfría sin romperse, una política monetaria con margen para flexibilizarse y señales claras de acumulación en cadena, Bitcoin vuelve a situarse en un terreno donde los $100.000 dejan de ser un titular llamativo para convertirse en una hipótesis razonable. Para el inversor que entiende los ciclos, el mensaje no es de urgencia, sino de preparación: los grandes movimientos rara vez se anuncian con ruido; suelen construirse en silencio, cuando los datos empiezan a alinearse.