Ethereum gana terreno mientras Bitcoin enfrenta septiembre rojo

- Ethereum sube 64,38% en 90 días, frente al 10,72% de Bitcoin, impulsado por compras institucionales.
- ¿Podrá Bitcoin romper su histórico “septiembre rojo” por tercer año consecutivo?
La rivalidad entre Bitcoin y Ethereum atraviesa un momento crucial. Mientras el primero se enfrenta a su mes históricamente más adverso, el segundo despierta un creciente apetito institucional que empieza a cambiar la narrativa de dominancia en el ecosistema cripto.
Ethereum y el avance institucional
En los últimos 90 días, Ethereum ha registrado un crecimiento del 64,38%, pasando de $1.808 a $3.684 dólares, frente al 10,72% de Bitcoin, que avanzó de $94.748 a $115.375 dólares en el mismo periodo. Esta diferencia refleja un cambio en las prioridades de los inversionistas institucionales, que buscan activos con mayor potencial de utilidad y desarrollo tecnológico.
La señal más clara provino de BitMine, que en apenas cinco semanas acumuló $2.900 millones de dólares en ETH, convirtiéndose en el mayor tenedor corporativo del activo. Esta agresiva estrategia resalta cómo Ethereum se percibe no solo como un activo especulativo, sino como un instrumento con valor funcional dentro del ecosistema de contratos inteligentes y finanzas descentralizadas.
Para muchas compañías, mantener ETH en sus balances responde tanto a la búsqueda de diversificación como a la expectativa de que la infraestructura de Ethereum continúe siendo la columna vertebral de la innovación cripto. Frente a un Bitcoin concebido principalmente como reserva de valor, Ethereum ofrece un terreno fértil para el desarrollo de productos financieros y aplicaciones que ya atraen flujos relevantes de capital institucional.
Suscríbete y recibe las mejores actualizaciones e informes en tu bandeja de entrada
Bitcoin frente al “septiembre rojo” Bitcoin encara su mes más complicado: septiembre. Con un rendimiento promedio de -3,26% desde 2013 y seis años consecutivos de pérdidas entre 2017 y 2022, la reputación del llamado “septiembre rojo” pesa en la memoria del mercado.

Sin embargo, la racha se rompió en 2023 y 2024, con ganancias consecutivas que incluyeron un repunte del 7,29% el año pasado. Este cambio estuvo respaldado por decisiones judiciales en EE. UU., el avance regulatorio de los ETF de Bitcoin al contado y, sobre todo, un entorno macroeconómico más favorable tras los primeros recortes de tasas de la Reserva Federal desde la pandemia.
De cara a septiembre de 2025, los inversores observan con cautela pero también con cierto optimismo. La expectativa de un nuevo recorte de tasas por parte de la Fed y el sostenido interés institucional en los ETF ofrecen un soporte técnico y fundamental que no existía en ciclos anteriores.
Un repaso histórico
El “septiembre rojo” no es solo un fenómeno estadístico. Ha estado marcado por hitos negativos como la prohibición de las ICO en China en 2017, el fracaso del lanzamiento de Bakkt en 2019 y la prohibición de la minería en 2021. Estos episodios, sumados a los ajustes monetarios de la Fed, han convertido este mes en sinónimo de volatilidad y caídas.
No obstante, la correlación con los mercados tradicionales —donde septiembre también suele ser débil para el S&P 500— sugiere que más que una maldición, lo que se observa es un patrón de ajuste de portafolios tras el verano.
Dos narrativas en tensión
Lo que ocurre en septiembre de 2025 podría definir la relación de fuerzas entre Bitcoin y Ethereum en el corto plazo.
- Si Bitcoin logra romper por tercer año consecutivo el “septiembre rojo”, reforzará su posición como activo resistente a la volatilidad estacional, consolidando su narrativa de “oro digital”.
- Si Ethereum mantiene su ventaja de crecimiento y adopción institucional, podría acelerar una narrativa alternativa: la de un activo funcional con valor tecnológico y potencial de diversificación para grandes corporaciones.
Ambos escenarios no son excluyentes. De hecho, lo más probable es que las tesorerías corporativas avancen hacia una coexistencia estratégica de Bitcoin como reserva y Ethereum como activo de utilidad. La clave estará en cómo evolucionen las condiciones macroeconómicas y en si los reguladores mantienen una postura que favorezca la entrada de capital institucional a gran escala.