5 de abril de 2025

Eliminar bitcoin “viejos” para evitar el ataque cuántico

 Eliminar bitcoin “viejos” para evitar el ataque cuántico
  • Eliminar los Bitcoin inactivos por muchos años para evitar el ataque o riesgo cuántico.
  • La medida podría reducir la oferta total de BTC en circulación, con la cual gran parte de la comunidad no está de acuerdo.

El borrador QRAMP exige migrar fondos de BTC a nuevas direcciones resistentes a la computación cuántica, o se perderán definitivamente. La propuesta aún genera fuerte debate técnico y ético.

En un movimiento que ha encendido la discusión dentro de la comunidad técnica de Bitcoin, el desarrollador Agustín Cruz presentó un nuevo borrador de Propuesta de Mejora de Bitcoin (BIP, por sus siglas en inglés), denominado “Quantum-Resistant Address Migration Protocol” (QRAMP). El objetivo del protocolo es forzar la migración de fondos actualmente almacenados en direcciones vulnerables a la computación cuántica hacia nuevas carteras resistentes. De no hacerlo antes del plazo fijado, esos fondos serían efectivamente destruidos.

Actualmente, la seguridad de los fondos en Bitcoin depende del algoritmo ECDSA, cuya robustez se basa en la dificultad computacional de romper claves privadas a partir de las públicas. Sin embargo, una computadora cuántica suficientemente potente podría, en teoría, resolver este problema de forma eficiente mediante algoritmos como Shor, exponiendo millones de bitcoin a robo si permanecen en UTXOs antiguos —es decir, salidas no gastadas asociadas a claves públicas visibles en la cadena. Actualmente, existen carteras frías que ya ofrecen soporte o compatibilidad para esquemas de seguridad post-cuántica, o al menos permiten futuras actualizaciones. BitBox02, Trezor y la wallet Jade de Block se encuentran entre las opciones más utilizadas por los usuarios que priorizan la soberanía de sus claves privadas y buscan adelantarse al potencial riesgo cuántico. Estas billeteras representan hoy el estándar en almacenamiento seguro, y podrían ser claves en un eventual proceso de migración como el que plantea QRAMP.

QRAMP busca solucionar este riesgo mediante un hard fork obligatorio que, una vez activado, iniciaría una cuenta regresiva. Durante ese tiempo, los usuarios deberían mover sus BTC a nuevas direcciones con firmas resistentes a la computación cuántica. Una vez cumplido el plazo, Bitcoin Core —el cliente de referencia de la red— dejaría de aceptar transacciones desde esas direcciones antiguas. En la práctica, esto implicaría eliminar para siempre esos BTC del suministro líquido, reduciendo la oferta total disponible.

El impacto de una medida como esta sería considerable: además de representar un cambio sin precedentes en la política monetaria de Bitcoin, plantea una disyuntiva ética y práctica. Muchos usuarios podrían no tener acceso a sus carteras antiguas por razones de fuerza mayor —desde claves extraviadas hasta fallecimientos sin herederos informados—, lo que llevaría a una quema involuntaria de fondos legítimos. A pesar de ello, Cruz defiende la propuesta como “realista y necesaria”, y afirma que representa una “oportunidad clara y no negociable” para que los usuarios aseguren sus activos antes de que una amenaza cuántica lo haga imposible.

Este tipo de propuestas no son nuevas, pero sí marcan una creciente preocupación técnica en la comunidad de desarrolladores ante los avances de gigantes tecnológicos como Google en materia de computación cuántica. Aunque aún no existe un computador cuántico capaz de vulnerar Bitcoin, estimaciones optimistas sitúan esa posibilidad dentro de la próxima década, lo que justifica, según sus promotores, la necesidad de preparar el terreno con antelación.

Por el momento, QRAMP sigue siendo solo un borrador, sin número oficial de BIP ni consenso técnico. Sin embargo, su sola existencia inaugura una discusión crítica sobre el futuro de la seguridad en Bitcoin y el delicado balance entre conservación monetaria y actualización tecnológica.

Este tipo de propuestas evidencian la tensión permanente entre los principios fundacionales de Bitcoin —como la inmutabilidad y la oferta fija de 21 millones de monedas— y la necesidad de adaptarse ante nuevas amenazas técnicas. Aunque QRAMP no se haya aprobado, obliga a la comunidad a considerar escenarios antes impensables: ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar para preservar la seguridad futura del protocolo? Y más aún, ¿puede Bitcoin cambiar su política de emisión sin sacrificar su esencia? El tiempo y el consenso social lo dirán. Pero, como en tantas ocasiones en su historia, el protocolo vuelve a colocarse en el filo entre la innovación radical y la preservación estricta.

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